Duerme La Sierra



 
José P. H. Hernández
Duerme la sierra todavía bajo la niebla matinal; en la arboleda toca el día su campanilla de cristal. Dulce la brisa mañanera es cual un roce de jazmín, deja el arroyo en la ribera sobre el pedrusco, tu tintín. Vuelan las garzas blandamente bajo la clámide de azur; y hay perfume en el ambiente como de rosa pompadour. Es la mañana como un sueño que despertó a la realidad; que vive en un mundo pequeño en donde todo es levedad. El corazón a saltos vuela para llegar hasta el confín; es cual un pájaro que anhela hallar un nido en que dormir. Y despertar eternamente para entonar una canción que caiga dulce y sonriente en todo triste corazón...

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