Versos Claves De Poemas
Oprima los versos para
llegar a el poema
de donde provienen.
Color moreno, frente despejada,
mirar lánguido, altivo y penetrante,
la barba negra, pálido el semblante,
rostro enjuto, nariz proporcionada.
¿Que le pasa a esa flor que esta tan bella?
¿Porque se siente el sol tan enojado?
Sera porque pareces una estrella
y piensa que por ti sera eclipsado.
Cuando se habla de las madres
tenemos la facil tendencia,
guiados por el egoismo
mas que por otra cosa,
pensar en la nuestra.
Duérmete madrecita del alma mía,
y que el Dios de los cielos
te me bendiga.
Se me perdió el corazón.
Ayúdamelo a buscar.
Caminito de la sierra
lo he buscado noche y día
y orillita de la mar
y no lo puedo encontrar.
En el musgo verdoso de la pradera
que circunda las aguas de claras fuentes,
cual ínfimas estrellas fosforescentes,
fulguran en las noches de primavera.
Seguido de sus flecheros
marcha Guarionex altivo,
a degollar castellanos
y perseguir enemigos.
La faz en velo oculta,
entró en mi despacho ayer
temblorosa una mujer,
para hacerme una consulta:
Señor: En breve llegará a tu cielo
una tímida y dulce viejecita,
los lirios de los años floreciendo en su pelo
y el rostro sonreído como una margarita.
Es el móvil océano gran espejo
donde luce como adormo sin igual
el terruño borincano que es reflejo
del perdido paraíso terrenal.
No Des Tu Tierra Al Extraño
No des por ningún dinero
tu pedazo de vergel,
que eres tú patriota fiel
y de legítimo cuño,
y el que vende su terruño
vende la patria con él.
La palma real es un tesoro
de mucho más valor que el oro.
Sirve a los campos de ornato,
a hombres y brutos dá sustento:
¡Río Grande de Loíza Alárgate en mi espíritu
y deja que mi alma se pierda en tus riachulelos,
para buscar la fuente que te robó de niño
y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.
¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.
Colgadme al pecho, después que muera,
mi verde escudo en un relicario;
cubridme todo con el sudario,
con el sudario de tres colores de mi bandera.
En las orillas de los viejos ríos,
que llevan sus corrientes rumorosas
por los bosques recónditos y umbríos,
nacen las pomarrosas
Ni una sola vez doblegué la frente,
en ningún trance me amparó la huida,
y me batí caballerosamente
con todos los dolores de la vida.
Laura mía: ya se que no lo eres;
mas este amor, que ha sido flor de un día,
se olvida a solas de que no me quieres.
En el sueño de la vida,
como díctamo entre abrojos,
me seduce con los ojos
una ilusion sonreida.
No te apenes jamás de haber nacido
en una isla de extensión escasa;
que no se juzga al hombre por su casa;
ni a las aves cantoras por su nido.
Sol esplédido y radiante
en la ancha esfera sujeto;
no te pregunto el secreto
de tu esplendor rutilante.
Cuando no reste ya ni un solo grano
de mi existencia en el reloj de arena,
al conducir mi gélido cadáver,
no olvidéis esta súplica postrera:
Puerto Rico patria mía,
la de blancos almenares,
la de los verdes palmares,
la de la extensa bahía.
Por fin, corazón, por fin
alienta con la esperanza,
que entre nubes de carmín,
del horizonte al confín,
ya la tierra a ver se alcanza.
¡Borinquén!, nombre al pensamiento grato
como el recuerdo de un amor profundo,
bello jardín de América el ornato,
siendo el jardín América del mundo.
Duerme la sierra todavía
bajo la niebla matinal;
en la arboleda toca el día
su campanilla de cristal.
Si Dios un día
cegara toda fuente de luz,
el universo se alumbraría
con esos ojos que tienes tú.
Tuya es la última flor
de mi huerto de ilusiones.
Mis heras son hoy eriales:
Tuya es la última flor
de mi huerto de ilusiones.
Mis heras son hoy eriales:
No se si danés o ruso,
genial cuentista relata
que en el nido de una pata
la hembra de un cisne puso.
Cuando salí de collores
fue en una jaquita baya,
por un sendero entre mayas
arropas de cundiamores.
Ay, qué lindo es mi bohío
y qué alegre es mi palmar
y qué fresco el platanar
de la orillita del río.
Ya voy a echarme a la mar!
Abordo el buque mambí
con el ansia de alcanzar
bien las costas de Pinar
o la punta de Maisí.
Cuando un pueblo no tiene una bandera,
bandera libre que enarbole ufano,
en pos de su derecho soberano
y el patrimonio, la gentil quimera;
¿Quien no gusta, Fileno,
De la tranquilidad que el campo ofece,
Y de entusiasmo lleno,
La dicha que apetece
En él no encuentra y placer no crece?
Padre nuestro qua estás en los cielos,
circundando de gloria inmortal;
esperanza del alma que eleva
al amor y a la ciencia un altar.
Pobre y humilde artesano
de oscuro y modesto nombre,
hubo en borinquen un hombre
caritativo y cristiano;
Es una tierra preciosa,
es una encantada tierra,
es un bello paraiso
mi tierruca borinqueña,
Calabó y bambú.
Bambú y calabó
El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.
La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.
Es el sol de hierro que arde en
Tombuctú.
El Condesito de la Limonada,
Juguetón, pequeñín... Una monada
Rodando pequeñín y juguetón,
Por los salones de Cristobalón
Esta es la tierra estéril y madrastra
En donde brota el cacto.
Salitral blanquecino que atraviesa
Roto de sed el pájaro;
Recuerda que tan sólo
de verme tú temblabas...
Si me quisiste así,
pobre de ti
Dios puso en los abismos del espacio
esos vapores tenues,
que, en nube convertidos, se coloran
con tinta suave cuando el alba viene.
Tras diez años de luchas incesantes
quiero vagar, como antes,
junto a la margen del humilde río
que tantas veces ofreció a mis penas
la paz de sus arenas
y la quietud de su ribazo umbrío.
Borinquen, nido de flores
donde comencé a soñar,
al calor del dulce hogar
que dio vida a mis amores;
Despierta, borinqueño
que han dado la señal!
Despierta de ese sueño
que es hora de luchar!
Ven a llorar conmigo,
Oh Musa! que al dolor no eres ajena:
Ven, y serás testigo,
de la profunda pena,
que de luto y de llanto el alma llena!
Poeta? No. Sobre el macizo idioma
en que su huella el ideal estampa,
domo mis versos cual el gaucho doma
sus salvajes corceles en la pampa.
Roble que eres un estuche
de enjambre de mariposas.
Tu lagrimear tembloroso
pone elegante una alfombra,
El veintiuno de marzo
Mil novecientos treinta y siete
Allá en la perla del sur
Van a marchar los cadetes
Ayé me dijite negro
Y hoy te boy a contejtá:
Mi mai se sienta en la sala.
¿Y tu agüela, aonde ejtá?
coquijote@coquijote.orgCopyright © Coquijote 1996-2004 Regrese Al Tope Regrese A El Mundo Del Coquijote