MUERTA EN ALTA MAR


 
Lola Rodriguez De Tio
Ven a llorar conmigo, Oh Musa! que al dolor no eres ajena: Ven, y serás testigo, de la profunda pena, que de luto y de llanto el alma llena! Ven ceñida de flores que guarden puro el matinal rocío; capullos soñadores, que con el canto mío su aroma llevan a un hogar vacío... Hogar infortunado, que vio perderse con amargo duelo, al ángel adorad, que al remontar su vuelo, dejo huérfano el nido, por el cielo! Que corta fue su estancia, en este triste y engañosa vida; y a que larga distancia, de su patria querida, lanzo el adiós de eterna despedida! Por que, por que a deshora, la azucena en botón, que se nutria, con néctar de la aurora, murió al nacer el día, cuando apenas sus pétalos abría! Yo vi, yo vi el encanto, con que cuidaban el botón naciente! Y su amor era tanto, que no habrá quien intente, contener de sus lagrimas la fuente! Como han de estar serenos los desolados padre de María? Como no echar de menos la luz de su alegría, en esa noche lóbrega y sombría?... Tal parece que el ruido, y al gemir de la olas y del viento, vienen a herir mi oído; y el lastimado acento de su madre infeliz, también lo siento!... Pero a que de esta suerte el recuerdo enlutar, si no consigo, Ay! el volver a verte en el hogar amigo, donde te dio el Amor tan blando abrigo! En vano el pecho exhala hondo suspiro de mortal anhelo; en vano tiende el ala, para alcanzar tu vuelo; Si nunca has de tornar del alto cielo! Oh Musa! Pliega el canto! no mas lastimes un dolor profundo!... Y de la madre en tanto, corra el llanto fecundo, que ha quien llora con ella en este mundo!

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