Vida Tranquila
Josá María Monge
¿Quien no gusta, Fileno,
De la tranquilidad que el campo ofece,
Y de entusiasmo lleno,
La dicha que apetece
En él no encuentra y placer no crece?
El mundano ruido
De la torpe calumnia el grito fiero,
No turban, no, su oído,
Y sólo del jilguero
El canto escucha, dulce y placentero.
Reclinado a la sombra
De alta ceiba o roble corpulento,
Sobre la verde alfombra,
De pesares exento,
Las horas pasa un plácido contento.
No allí la envidia aleve
Turba su dicha o su quietud altera,
Ni la vil lengua mueve
La lisonja rastrera
Del interés mezquina compañera.
Allí mira dichos
Cómo resbala el límpido arroyuelo,
Y en el curso caprichoso,
Con incesante anhelo,
El lirio besa que engalana el suelo.
¡Oh torpe el que desprecia
La fuentecilla alegre, el prado ameno,
Por la ruin pompa necia
Del pueblo en cuyo seno
Derrama el vicio su fatal veneno!
Del mundo retirado,
La grata soledad cantos me inspira;
y ajenos de cuidado
Al eco de la lira
Libre mi pecho sin dolor respira.
Que surque el ambicioso
En frágil leño los revueltos mares,
Del oro codicioso;
Que yo entre los palmares,
Vivo alegre, sin lujo y sin pesares.
Intrépido el guerrero
Busca la lid, y títulos y honores
Alcance con su acero.
Yo entre galanas flores,
Ni sangre miro, ni contemplo horrores.
Cuando al final del viaje
Rígido el cuerpo se desplome inerte,
Y silencioso baje
Allá, donde la muerte
Todo en polvo mezquino lo convierte,
Sobre la tumba aislada,
Junto a la cruz, como único tesoro,
Con flores adornado
Poned el harpa de oro
Del pobre alumno del castalio coro.